{"id":154,"date":"2011-04-15T15:18:08","date_gmt":"2011-04-15T18:18:08","guid":{"rendered":"http:\/\/comentariosdecine.com\/2011\/04\/15\/baficiwastedyouth\/"},"modified":"2011-04-15T15:18:08","modified_gmt":"2011-04-15T18:18:08","slug":"baficiwastedyouth","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/comentariosdecine.com\/?p=154","title":{"rendered":"Bafici: Wasted Youth"},"content":{"rendered":"<p>Un joven skater  atraviesa el pavimento de la Acr\u00f3polis con algunos amigos. En otra parte de la ciudad, un hombre lucha para mantener a su familia mediante trabajos que lo empujan diariamente al borde del colapso. Dos puntos de vista sobre la vida en una misma ciudad, en una misma sociedad recientemente sacudida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo sab&iacute;a que en alg&uacute;n lado hab&iacute;a visto a ese cartel negro con la palabra &ldquo;MALAKA&rdquo; escrita en may&uacute;sculas. Pens&aacute;ndolo despu&eacute;s, en la calle, en alg&uacute;n colectivo o por encima de alg&uacute;n otro manifiesto, en alguna parte deb&iacute; haberlo registrado, como esas im&aacute;genes que uno graba en la memoria sin pensarlas demasiado l&uacute;cidamente. Ahora ya s&eacute; lo qu&eacute; era. Porque una de tantas noches de Bafici, entrando (tarde) a las funciones de prensa del Abasto, lo volv&iacute; a ver. Era el mismo cartel negro, ah&iacute;, pegado en una de las numerosas puertas de entrada. Ese &ldquo;Malaka&rdquo; correspondiente a la preciada f&oacute;rmula &ldquo;Wasted Malaka Youth&rdquo;, que se promueve en el film de Papadimitropoulos. Son los carteles que pegan sus j&oacute;venes protagonistas, en un evidente y frustrado deseo de darse a conocer, de expresar toda su bronca por la situaci&oacute;n social en la que se encuentran. Hasta que el &ldquo;Malaka&rdquo; lleg&oacute; al Bafici, como si el mism&iacute;simo Haris hubiera viajado de Atenas a Buenos Aires para seguir con su provocador movimiento, habi&eacute;ndose despertado de su intr&iacute;nseco sue&ntilde;o dieg&eacute;tico.<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">&iquest;Pero qu&eacute; es &ldquo;Wasted Malaka Youth&rdquo;? Llam&eacute;moslo rencor antes que nada. Rencor juenil, alternativo, consciente de sus d&iacute;as perdidos. In&uacute;til, como toda acci&oacute;n de Haris, pero en el fondo tampoco tanto. Antes que nada, es algo real, en una realidad que cuesta aferrar en toda su crudeza y desolaci&oacute;n. Los carteles pretenden ser un punto de ruptura sobre la nada que los circunda, la ausencia de posibilidades y valores genuinos, pero tambi&eacute;n la cura a todo esto. Entre largas jornadas soleadas de <i>skate<\/i>, litros de agua y leche, y problemas familiares incrustados en un malestar general (clima endeble de la Grecia actual), nace la idea entre j&oacute;venes adolescentes de crear algo nuevo, de expresar conceptos de la manera m&aacute;s clara posible, que logre involucrar a las dem&aacute;s personas. La juventud no est&aacute; tan perdida, despu&eacute;s de todo, gracias a su espontaneidad y sus disparatadas experiencias diurnas y nocturnas. La que est&aacute; perdida es la consecuencia a toda acci&oacute;n de esa misma generaci&oacute;n, enclaustrada y dejada m&iacute;seramente estar entre la rabia y la desilusi&oacute;n camuflada en las piruetas o largos paseos al son de las cigarras. Son los sonidos de una capital deprimida, que toman voz en las experiencias de vida, crudas, toscas, para todos aquellos que como Haris est&aacute;n viviendo su &eacute;poca y sus cambios.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Pero es tambi&eacute;n el sufrimiento reprimido, en otro rinc&oacute;n de la ciudad, de un polic&iacute;a que no disfruta ni siquiera un segundo de lo que hace y es tambi&eacute;n v&iacute;ctima de los tiempos. Este hombre refleja la sociedad al igual que Haris, pero su colapso no produce carteles, sino un brote de violencia que cerrar&aacute; el film. Inspirado en una tragedia que sacudi&oacute; a toda Grecia en 2008, pero sin hablar de ella hasta el final, del film son destacables su sencillez y la urgencia por representar con claridad los problemas. Comienza con una introducci&oacute;n particular en las vidas de sus dos tan opuestos protagonistas, hechas de travellings del skater en el coraz&oacute;n del verano y de densos retratos familiares en la plena incomunicabilidad del polic&iacute;a Vassilis con su m&aacute;s querido entorno.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Improvisadas las actuaciones y hasta algunas acciones, para conformar un estilo franco, sincero, con una crisis econ&oacute;mica que se respira a la legua y transe&uacute;ntes que parecen acalorados, nerviosos, irritables. Planos encantadores y siempre aferrados al clima generacional (se rozan estereotipos pero nunca se pierde de vista la progresi&oacute;n dram&aacute;tica), para un film que en la &uacute;ltima media hora levanta vuelo notablemente. Inevitable y olfateable la tragedia final, que termina con la ilimitada energ&iacute;a de una adolescencia ecol&oacute;gica que, m&aacute;s all&aacute; de la desventura, de todos modos terminar&iacute;a pagando por los desastres de una &eacute;poca que nunca vivi&oacute;.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div align=\"right\"><em>Lorenzo Barone<\/em><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo sab&iacute;a que en alg&uacute;n lado hab&iacute;a visto a ese cartel negro con la palabra &ldquo;MALAKA&rdquo; escrita en may&uacute;sculas. Pens&aacute;ndolo despu&eacute;s, en la calle, en alg&uacute;n colectivo o por encima de alg&uacute;n otro manifiesto, en alguna parte deb&iacute; haberlo registrado, como esas im&aacute;genes que uno graba en la memoria sin pensarlas demasiado l&uacute;cidamente. Ahora ya s&eacute; lo qu&eacute; era. Porque una de tantas noches de Bafici, entrando (tarde) a las funciones de prensa del Abasto, lo volv&iacute; a ver. Era el mismo cartel negro, ah&iacute;, pegado en una de las numerosas puertas de entrada. Ese &ldquo;Malaka&rdquo; correspondiente a la preciada f&oacute;rmula &ldquo;Wasted Malaka Youth&rdquo;, que se promueve en el film de Papadimitropoulos. Son los carteles que pegan sus j&oacute;venes protagonistas, en un evidente y frustrado deseo de darse a conocer, de expresar toda su bronca por la situaci&oacute;n social en la que se encuentran. Hasta que el &ldquo;Malaka&rdquo; lleg&oacute; al Bafici, como si el mism&iacute;simo Haris hubiera viajado de Atenas a Buenos Aires para seguir con su provocador movimiento, habi&eacute;ndose despertado de su intr&iacute;nseco sue&ntilde;o dieg&eacute;tico.<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">&iquest;Pero qu&eacute; es &ldquo;Wasted Malaka Youth&rdquo;? Llam&eacute;moslo rencor antes que nada. Rencor juenil, alternativo, consciente de sus d&iacute;as perdidos. In&uacute;til, como toda acci&oacute;n de Haris, pero en el fondo tampoco tanto. Antes que nada, es algo real, en una realidad que cuesta aferrar en toda su crudeza y desolaci&oacute;n. Los carteles pretenden ser un punto de ruptura sobre la nada que los circunda, la ausencia de posibilidades y valores genuinos, pero tambi&eacute;n la cura a todo esto. Entre largas jornadas soleadas de <i>skate<\/i>, litros de agua y leche, y problemas familiares incrustados en un malestar general (clima endeble de la Grecia actual), nace la idea entre j&oacute;venes adolescentes de crear algo nuevo, de expresar conceptos de la manera m&aacute;s clara posible, que logre involucrar a las dem&aacute;s personas. La juventud no est&aacute; tan perdida, despu&eacute;s de todo, gracias a su espontaneidad y sus disparatadas experiencias diurnas y nocturnas. La que est&aacute; perdida es la consecuencia a toda acci&oacute;n de esa misma generaci&oacute;n, enclaustrada y dejada m&iacute;seramente estar entre la rabia y la desilusi&oacute;n camuflada en las piruetas o largos paseos al son de las cigarras. Son los sonidos de una capital deprimida, que toman voz en las experiencias de vida, crudas, toscas, para todos aquellos que como Haris est&aacute;n viviendo su &eacute;poca y sus cambios.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Pero es tambi&eacute;n el sufrimiento reprimido, en otro rinc&oacute;n de la ciudad, de un polic&iacute;a que no disfruta ni siquiera un segundo de lo que hace y es tambi&eacute;n v&iacute;ctima de los tiempos. Este hombre refleja la sociedad al igual que Haris, pero su colapso no produce carteles, sino un brote de violencia que cerrar&aacute; el film. Inspirado en una tragedia que sacudi&oacute; a toda Grecia en 2008, pero sin hablar de ella hasta el final, del film son destacables su sencillez y la urgencia por representar con claridad los problemas. Comienza con una introducci&oacute;n particular en las vidas de sus dos tan opuestos protagonistas, hechas de travellings del skater en el coraz&oacute;n del verano y de densos retratos familiares en la plena incomunicabilidad del polic&iacute;a Vassilis con su m&aacute;s querido entorno.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Improvisadas las actuaciones y hasta algunas acciones, para conformar un estilo franco, sincero, con una crisis econ&oacute;mica que se respira a la legua y transe&uacute;ntes que parecen acalorados, nerviosos, irritables. Planos encantadores y siempre aferrados al clima generacional (se rozan estereotipos pero nunca se pierde de vista la progresi&oacute;n dram&aacute;tica), para un film que en la &uacute;ltima media hora levanta vuelo notablemente. Inevitable y olfateable la tragedia final, que termina con la ilimitada energ&iacute;a de una adolescencia ecol&oacute;gica que, m&aacute;s all&aacute; de la desventura, de todos modos terminar&iacute;a pagando por los desastres de una &eacute;poca que nunca vivi&oacute;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div align=\"right\"><em>Lorenzo Barone<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un joven skater atraviesa el pavimento de la Acr\u00f3polis con algunos amigos. En otra parte de la ciudad, un hombre lucha para mantener a su familia mediante trabajos que lo empujan diariamente al borde del colapso. Dos puntos de vista sobre la vida en una misma ciudad, en una misma sociedad recientemente sacudida. 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