{"id":170,"date":"2011-04-25T22:45:17","date_gmt":"2011-04-26T01:45:17","guid":{"rendered":"http:\/\/comentariosdecine.com\/2011\/04\/25\/aisheenstillaliveingaza\/"},"modified":"2011-04-25T22:45:17","modified_gmt":"2011-04-26T01:45:17","slug":"aisheenstillaliveingaza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/comentariosdecine.com\/?p=170","title":{"rendered":"Aisheen (Still Alive in Gaza)"},"content":{"rendered":"<p>Tras llegar a la Franja de la discordia en febrero de 2009, pocas semanas despu\u00e9s de la \u00faltima ofensiva israel\u00ed, Wadimoff apunta sus c\u00e1maras hacia la gente, y en especial hacia los ni\u00f1os y adolescentes que intentan lidiar con la destrucci\u00f3n y la incertidumbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>&ldquo;No estamos necesitando ayuda: necesitamos libertad&rdquo;<\/i>.  Wadimoff ingresa a Palestina con su restringido equipo de filmaci&oacute;n. Su  primer logro fue el de haber obtenido el dif&iacute;cil permiso para  permanecer catorce d&iacute;as en Gaza, superando astutamente toda barrera  temporal y forma de censura. La clave, nos cuenta con su voz franca y  zanjada, fue la de haber simulado ser periodista enviado por un  hipot&eacute;tico noticiero suizo (y de ah&iacute; la co-producci&oacute;n con ese pa&iacute;s).<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">Una vez cruzada la l&iacute;nea, se abre el  sombr&iacute;o escenario. Que da pie a un chocante paseo alrededor de la nueva  Gaza, recorrida de norte a sur, analizada sin pretender retratar  exhaustivamente el conflicto (retrato de toda manera imposible, y  Wadimoff enseguida lo supo). El resultado es este bell&iacute;simo documental:  no un reportaje de guerra, sino una intensa mirada cercana al pueblo y a  sus sentimientos, a aquellos que quieren olvidar y luchar para vivir de  manera digna, creyendo en la vida m&aacute;s que en sus propios suplicios.  Wadimoff realiza un libre recorrido deteni&eacute;ndose al encontrar personajes  interesantes, lugares particulares, reflejos de la &eacute;poca pero al mismo  tiempo de una sociedad que busca seguir adelante, encerrada en una Gaza  vista como <i>&ldquo;la prisi&oacute;n m&aacute;s grande del mundo<\/i>&rdquo;.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Tantos los ejes que retrata el film.  Por una parte, una mirada que hurga por los sectores m&aacute;s progresistas e  intelectuales de la ciudad, contrarrestando el gen&eacute;rico preconcepto de  la imperante p&eacute;rdida cultural. Conocemos artistas, profesores,  opinionistas, pero sobre todo las iniciativas de &eacute;stos para hacerle  frente a la brutal situaci&oacute;n: como la radio que intenta unificar al  pueblo palestino (a pesar de las desemejanzas ideol&oacute;gicas) y los  educadores que se esfuerzan para que los ni&ntilde;os recreen situaciones  solidarias que potencialmente podr&iacute;an estar viviendo en un futuro no muy  lejano. O como los valientes payasos, que realizan una emocionante  parodia de las explosiones para que los alumnos de un colegio no se  asusten. Retratos conmovedores en su sencillez, centrados en el aura de  desesperanza que reina entre los j&oacute;venes, pero tambi&eacute;n en la voluntad de  reconstruir, pensar en el futuro, salir adelante. Como hace el  magn&iacute;fico &ldquo;Darg Team&rdquo;, grupo de j&oacute;venes palestinos, creadores de una  interesant&iacute;sima banda de rap que retoma el estilo musical norteam&eacute;ricano  (criticado por aquellos sectores m&aacute;s conservadores del pueblo) y lo  readaptan al compromiso social, con esp&iacute;ritu combativo y en&eacute;rgico.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Pero la mirada de este film tambi&eacute;n  retrata espacios y situaciones paralelas, v&iacute;ctimas de fatalidades  semejantes. Es la ciudad de los fantasmas, al interior del parque de  atracciones, que no existe m&aacute;s luego haber sido bombardeada y que por  ende los ni&ntilde;os ya no pueden visitar. Son los espacios destruidos por  bombas &ldquo;inteligentes&rdquo;, que caen encima del zool&oacute;gico de la ciudad  (hiriendo animales que quedan rengueando ante la mirada de los pocos  visitadores restantes)&nbsp; o sobre milenarias plantaciones de olivos,  irremediablemente incendiadas, que ya no alimentar&aacute;n m&aacute;s a las familias  que las heredaron (humildes campesinos que viven en la expectativa de  que nuevos &aacute;rboles vuelvan a crecer lo antes posible). Y los aviones  israel&iacute;es que siguen all&iacute; en el cielo, as&iacute; como sus naves de guerra que  ocupan las aguas m&aacute;s fruct&iacute;feras del territorio palestino, obligando a  los pescadores a realizar sus actividades en otras aguas contaminadas.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Estos desastres pasan a reflejar el  pasado reciente, pero tambi&eacute;n anticipan el presente que vendr&aacute;: las  explosiones est&aacute;n ah&iacute;, se siguen oyendo en la lejan&iacute;a. Son el ambiente  de fondo de una ciudad en la que todos ya est&aacute;n tristemente  acostumbrados a escucharlas. Pero junto a &eacute;stas, emergen rasgos  impensables que brotan de situaciones paralelas a la guerra, de un  pueblo aqu&iacute; fotografiado en todas sus dimensiones, sin deseo de  periodizar o hacer cr&oacute;nica de eventos, sino hurgando en el alma de sus  habitantes y los matices de sus crudas realidades. Una mirada sincera,  profunda y por fuera de cualquier clich&eacute; o convenci&oacute;n medi&aacute;tica.  Tr&aacute;gicos cuadros de vida de individuos que luchan unidos en el intento  de olvidar el dolor de los tantos, demasiados parientes brutalmente  asesinados, que combaten por convivir con el desastre alejando de s&iacute; el  miedo a la muerte (<i>&ldquo;vivimos sabiendo que la pr&oacute;xima bomba puede caer sobre nosotros, en cualquier instante y lugar&rdquo;<\/i>, revela una joven adolescente). Y a pesar de esto, a pesar de todo, tambi&eacute;n hay lugar para las sonrisas.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Porque la pel&iacute;cula es una mirada, en fin, que retrata todos aquellos que sobrevivieron: los <i>aisheen<\/i>, los <i>&ldquo;toujours vivent&rdquo;<\/i>,  como grita con furor y coraje la banda de rap, en un rugido convencido y  audaz que le da el t&iacute;tulo al film. Film que no cuesta calificar como  obra maestra, y que debe su belleza a su propia candidez y esencialidad,  su deseo de centrarse en discusiones normales, cotidianas, que no  buscan tajantes opiniones acerca de Hamas o Israel, sino revelaciones de  los atormentados d&iacute;a a d&iacute;a. De hecho, se habla de todo aspecto de la  vida, y aunque prorrumpa el tema de la guerra, se lo toca m&aacute;s  tangencialmente de lo que se cree. Para ser honestos, hubiera sido  admirable si Wadimoff hubiera decidido adjuntar el costado israel&iacute; del  asunto, que pudiera de alguna manera acercarnos, en lo posible,  fragmentarias conciliaciones. Sin embargo el panorama es el que es: y si  aun no se puede respirar aire de paz, tampoco puede ser tiempo para  forzar la mascarilla de f&aacute;ciles conformidades.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">El inevitable encarrilamiento hacia el  conflicto y sus golpes de cola, entonces, surge aunque se lo trate de  evitar. Pero junto a &eacute;ste, subsiste la libertad de no concederse l&iacute;mites  y mostrar que all&iacute; las aspiraciones de vida son como las del resto del  mundo, en una postura profundamente humanista que brota y se despega de  las escenas mismas para contarnos que, dentro del m&aacute;s atroz apocalipsis  de nuestros tiempos, todav&iacute;a puede haber vida y capacidad de  resistencia.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/div>\n<div align=\"right\"><em>Lorenzo Barone<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras llegar a la Franja de la discordia en febrero de 2009, pocas semanas despu\u00e9s de la \u00faltima ofensiva israel\u00ed, Wadimoff apunta sus c\u00e1maras hacia la gente, y en especial hacia los ni\u00f1os y adolescentes que intentan lidiar con la destrucci\u00f3n y la incertidumbre. &ldquo;No estamos necesitando ayuda: necesitamos libertad&rdquo;. 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