Fantastic Mr. Fox

Categoría: Críticas
Fecha de publicación: mayo 14, 2010
Comentario

La historia se centra en un astuto zorro llamado Fox que parece llevar un vida idílica con la señora Fox y su hijo Ash. Pero por las noches, el señor Fox roba las gallinas, los patos y los pavos a tres granjeros, que deciden poner remedio al asunto y cazar a Mr. Fox para que no les siga robando.

La animada fantasía de Wes – La estética como modo/a  

La sexta película de Wes Anderson difiere de sus cinco anteriores por ser -ante todo- una animación en stop motion, por no contar con las presencias de Anjelica Huston, Owen Wilson y Bill Murray, y por ser la primera vez que adapta una novela a la gran pantalla: un cuento de Roald Dahl, escritor británico de origen noruego autor de “Charly y la fábrica de chocolates”, “James y el melocotón gigante” y “Matilda”, entre otros. Isaiah Berlin decía que Dahl “era un hombre que se guiaba por caprichos, lo que quiere decir que arremetería en cualquier dirección”, por lo cual podríamos admitir que Anderson no eligió para nada mal el autor.
El argumento de la película es sencillo: Mr. Fox, un ladrón de gallinas, se entera que va a ser padre, por lo cual le promete a su mujer dejar las andanzas. Foxie entra en el sistema, ya tiene dos chicos, y se muda a una casa elegante. Ese cambio lo acerca a tres poderosos granjeros, algo del pasado regresa y le da la oportunidad de volver al redil. Es decir, no puede resistirse a su destino de ladrón.  
La filmografía de Wes Anderson hace hincapié constantemente en la problemática de la familia disfuncional. Desde Academia Rushmore (1998) hasta The Darjeeling Limited o Viaje a Darjeeling (2007), la familia separada, vuelta a juntar, mezclada, remixada y descompuesta, es un tema sobre el que insiste casi obsesivamente. Fantastic Mr. Zorro, más allá de la adaptación y la animación, recae también en la cuestión parental, salvo que esta vez  no es tan disfuncional como en las urticantes descripciones de sus primeros films. Mr. Fox ya no es un personaje al que la familia no le funciona como tal, sino que pasa a convertirse en padre, en un adulto de golpe y es, como todos los adultos en la filmografía de Big Wes, un chico que no quiere crecer.
Foxie -“vozificado” por George Clooney- no deja de ser un tipo a quien le gusta la plata fácil, claro está, y que, en su nuevo rol de padre de familia, intenta cambiar, depurarse, trabajar honradamente, pero finalmente recae.  Sin embargo, el problema acá es de otra índole: ¿el “buen padre de familia” roba para sí o para toda la comunidad? Uno podría plantearse sino estamos ante un Mr. Fox/Robin Hood, o ante un anarquista al estilo siglo XXI. Anderson, ¿está incitando a la imaginación y al delito, que fuera cultivado por los viejos expropiadores, a la búsqueda de nuevos? Más allá de la comparación con Robin Hood, el delito en el cine de Anderson parece estar legitimado. Dicho en otras palabras, no es juzgado, o no hay un juicio de valor sobre el mismo. Lo mismo con la mentira. No es algo inmoral en el hombre, sino que es propio de sí. Esto se ve claramente en el personaje de Royal Tenenbaum, interpretado por el gran Gene Hackman en que se mete en la piel del padre de la prole: uno bien deshonesto, desleal, pero sobre todo mentiroso. El film recurre también a una propuesta bastante posmoderna al confrontar el mundo animal y el humano, para mostrar lo humano que hay en los animales y lo animal que hay en el hombre, y deducir que ninguno de los dos se diferencia demasiado.
La estética muy personal de Wes Anderson, que le da unidad a su obra, se reafirma en este film. Entre los dellalles sintomáticos están el uso hipersaturado del color y el vestuario a la moda -tanto actual como retro- y, otro de los recursos formales, es el plano general recorrido a la manera de un travelling que le permite la descripción del universo de sus personajes. Ese mismo plano se observa en Los Excéntricos Tenenbaums (2001), en Vida Acuática con Steve Zissou (un homenaje al cine de Jacques Coucteau) (2004) y en Viaje a Darjeeling (2007). Agregado a éste recurso aparece la técnica del zoom out, otro de los sellos de estilo de Anderson.
Sin embargo, Wes Anderson se destaca particularmente, obviando otros aspectos del arte de filmar, por saber escribir buenos diálogos. Dicho de otro modo: Anderson crea un contexto para que esos diálogos fluyan de manera propicia -diálogos delirantes, como Bill Murray llamando “Coltrane” al personaje de Danny Glover en Los Excéntricos Tenenbaums o personificando a Steve Zissou y advirtiendo a un ñoño colaborador “no dificultes el cumplimiento de nuestra misión, sos el monigote de la financiera“, mientras que el otro responde: “sí, pero también soy un ser humano . Se podría decir que esta habilidad le viene heredada. La creación de un verosímil fuerte, justo y adecuado, es lo que ha carecterizado al cine de Hollywood. Todos los Tenenbaums tiene un motivo para estar en la casa materna. Justamente, consiguiendo esa “anotación” es donde Wes se empieza a a desmarcar. Quiero decir, que el personaje de Ben Stiller y sus dos hijos huérfanos de madre se muden de su apartamento por falta de medidas de seguridad, es un motivo. Que ellos tres lleven un conjunto Adidas durante todo el film, es estética.
El stop motion de Fantastic Mr. Fox va en la misma dirección. El film preserva cierto aprecio por lo artesanal, en contraposición a la animación digital 3D para el gusto del público masivo. Animar una novela infantil es un trabajo que conlleva cuidado y precisión, y para eso le viene de maravillas esa tecnología. Curioso resulta que, en varios reportajes, Anderson ha subrayado que el modo de trabajo fue muy similar al de un rodaje tradicional. Como los buenos directores, apela a la banda sonora con un valor de significado en sí mismo, pero la dota de cierto tinte ambivalente. No son lo mismo Los Beatles que Cat Stevens o The Kinks. Así espera la resolución de un litigio para poder incluir a The Rolling Stones en Viaje a Darjeeling.
Para ser más claros, si Anderson recurre a los Beatles es porque recupera un lugar conocido de la conciencia del espectador, en cambio si suenan The Kinks la emoción es más sintomática y especial, afín con ese mundo extraño y bizarro que proponen sus películas. Fantastic Mr. Fox nos invita a meternos en un mundo delirante repleto de ese humor interminablemente irónico al que Big Wes nos tiene acostumbrados. Es una película basada en una novela para niños, pero pensada para grandes, o bien, pensada para chicos que no quieren crecer, como sus personajes. Con mucho de ese interminable humor irónico a la que nos tiene acostumbrados.

Ernesto “Teco” Madanes




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