Bafici: The Last Revenge

Categoría: Críticas
Fecha de publicación: abril 15, 2011
Comentario

Worldly es un aventurero convocado por un viejo gobernante para que encuentre a su sucesor por el mundo. Incapaz de dar con el heredero adecuado, Worldly sucumbe ante la tentación de quedarse con el trono para sí mismo. Pero el gobernante arruinará sus planes y lo utilizará, experimento científico loco mediante, para tratar de obtener la inmortalidad.

Presentado en este último BAFICI como clásico de culto en la sección trayectorias, “The Last Revenge” de Kirberg cumple enseguida con las expectativas y nos sumerge en un mundo de muecas y sombras cuneiformes, como contorno de una extravagante trama siempre fresca y aún sorprendente.

Fechado 1981, fue el primer film de este cinéfilo director, que quiso a través del mismo realizar su propio homenaje al cine alemán, sabiendo al mismo tiempo reutilizar de manera lúcida y nunca infundada, recursos provenientes de otros cines más distantes. A escenografías y actuaciones decididamente expresionistas (contorsiones caricaturescas, sobre la línea y sobredesempeños que llevan al extrañamiento), se le une cierta conceptualización fenomenológica y una clara dialéctica hegeliana del amo/esclavo (que trasciende el contenido manifestándose incluso en la construcción fílmica). Su extraña configuración y mezcla de estilos puede pensarse como un gran conjunto de influencias y trasposición de lenguajes que crean el artificio, motor último de una narración efervescente. De hecho el film retoma imágenes arquetípicas del noir norteamericano de los años ’40, recursos de las vanguardias del ’20 en la estructura fílmica y en la puesta en escena, cierta noción del cine francés de los ’50 en su contenido y minuciosidad de planos, además de extraordinarios fragmentos de musical puro, que vienen a funcionar como intervalos aislados pero que cargan con una funcionalidad particular las otras secuencias de la trama (bellísimas, en particular, las intervenciones de las maliciosas plantas carnívoras y la escena de la nena que salta la rayuela entre pretendientes). A condensar estas variables, aparece la música New Age – podría ser tocada en vivo- que más que acompañar reacomoda los pintoresquismos y la distribución de los elementos visuales.
 
Al mismo tiempo, se manifiesta una clara oposición al cine psicológico y realista que se hacía en Alemania por esas épocas. Es un film en síntesis que brota cine por todos sus poros, pero que tampoco se limita sólo a eso, presentándose como admirable y nostálgica visualización que no puede dejar de conmover a quién cultiva aún hoy el sueño diurno del cine mudo y su ya perdida espontaneidad artística (vena que lograba condensar la experiencia cinematográfica en un viaje transartístico que sabía alimentar la imaginación del espectador).
 
Pero aquí Kirberg realiza también un montaje de oposiciones, partiendo de laberínticas y claustrofóbicas escenas filmadas entre pesados decorados de cartón e interiores de fábrica de perspectivas distorsionadas, alternados a exteriores desérticos en los que se abandona el expresionismo para pasar a una suerte de enfrentamiento dialéctico que podríamos comparar con el de un western de la deriva (cuando la esquizofrenia se apodera de sus esquematismos).  
 
Una película, en fin, que en su hibrides y cinefilia nunca queda como puro ejercicio de estilo, sino que a todo momento produce ganas de interpretarla y motivos para desentrañarla. Nació de la urgencia de revitalizar rasgos de un cine perdido, necesidad admirable que el dispositivo formal y narrativo se encarga de cumplir. Distanciada y en el fondo autoirónica, profundamente divertida, “The Last Revenge” nos recuerda quienes éramos en los albores del cine, en quienes nos fuimos insensiblemente convirtiendo y, tal vez, lo que terminaremos siendo en el devenir del tan decaído séptimo arte.
 
Lorenzo Barone




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